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Una café, por favor

Los bares dan identidad a quienes los frecuentan. Los bares son lugares de reuniones no establecidas en agendas. En aquel bar le conocí. Las barras son sitios reservados a soledades y solitarios. Las tragaperras son la avaricia reencarnada y los sueños en forma de moneda.
El camarero desde su lugar no movió ni un ápice ninguno de sus músculos, ni realizó el típico ademán de cortesía. El estruendo del vaso al chocar contra el suelo le hizo girar la cabeza pero pronto volvió a fijar su vista en el televisor que a esa hora daba el Diario de Patricia.
Paco, quien invierte diariamente sus ilusiones y monedas en la tragaperras tampoco me hizo ningún caso.

Desde aquí

Un señor pasea a su perro que se detiene para olisquear el suelo, la base de un árbol, el papel de un chupa-chups que un niño tiró esa misma tarde.

Recluida en casa

Recluida en casa

He estado bastantes días desaparecida y me alegro de que Joanna me haya incentivado a asomar la cabeza otra vez. La verdad es que me he quedado recluida en casa atemorizada por el pánico, ya que es mucha la responsabilidad de poder criticar lo que no gusta, aunque sólo sea de oídas.
Aun sin salir de casa, he visto y oído cosas increíbles. He visto como la gente pierde el tiempo en tonterías y no reparan en lo importante, incluso podría ir más allá y afirmar que vi con mis propios ojos como un señor de mediana edad se ahogaba en un vaso de agua y eso que no estaba lleno del todo.
Un titular en medio de un periódico ha llamado mi atención: “La adicción al ordenador ya es una de las principales causas de divorcio", seguido de frases como "el uso del chat ha sustituido las carencias de comunicación entre las parejas".
Alguna gente ha perdido el norte y la brújula y ahora ya no saben donde buscar, ni siquiera saben qué buscan.

Número 9. 3ºB

Número 9. 3ºB

Manuel plancha pegado a la ventana la camisa que se tendrá que poner mañana, Manuel está muy cansado de la corbata, de la americana y de planchar la puñetera camisa, también está cansado de enseñar cada mañana, cada tarde y a cada hora, pisos en los que nadie quiere vivir y los que nadie quiere comprar. Manuel también tiene la televisión encendida pero no le está haciendo ningún caso, tiene cosas más importantes en las que pensar.

Hola a todos!

Hola a todos!

Si además de escribir algún comentario a lo que ya está escrito quieres contar cosas como qué es lo que miras por tu ventana, historias de algún bar o cualquier otra cosa:siempre_pendientes@hotmail.com

¿?

¿?

¿Por qué los bares por la noche apagan la luz?

Pollock

Pollock

"...the painting has a life of it´s own. I try to let it come through".
- Jackson Pollock

Número 7 4ªA

Número 7 4ªA

Allí soñaba cada día escapar por la ventana y andar de teja en teja por los tejados que se veían desde mi casa.
Naves ardiendo más allá de Orión. Ismael Serrano.

Entonces la ventana se abrió de par en par, como antiguamente, y Peter Pan entró por ella.[…]
“Peter Pan”, James M.Barrie

Las ventanas son billetes de ida y vuelta que nos comunican con el mundo. Detrás de ellas suele haber mucho más de lo que se ve, o tal vez mucho menos. Hay miles de historias que no existen hasta que nosotros a partir de sus personajes las inventamos. Esta no es más que una de ellas.

Una luz que se enciende, una luz que se apaga, una persiana que se baja, persianas medio subidas y persianas medio bajadas, persianas bajadas hasta no poder más como encadenadas al alfeizar de la ventana, como si no viviera nadie dentro; luces que se encienden como los relámpagos o como realizando un código Morse ininteligible, interiores más amarillos o más blancos, luces de lamparillas de mesa, de lámparas de techo, de flexos de estudiantes agotados sobre un libro, luces de televisores encendidos en el comedor donde Ana no dice nada, donde sólo mueve la plancha para arriba y para bajo mientras mira el telediario…
Jon se acerca a su lamparilla que está sobre la cómoda y al pasar por delante de la bombilla me muestra su silueta. Eso viene a demostrar que detrás de las luces hay sombras, hay siluetas que se mueven, hay jóvenes agobiados frente al libro, amas de casa planchando mientras despiden las noticias en un telediario que ya casi se ha quedado obsoleto y pensando en lo rápido que gira el mundo…
Luces tan tenues como una vela, cegadas por las cortina, y detrás, alguien dibuja a mano alzada el plano de un edificio que nunca se construirá, y que cansado de trazar las líneas una y otra vez, y que esas líneas se tuerzan una y otra vez, prefiere abandonar la escuadra y el cartabón y dejarlo todo a la suerte. Debería optar por irse ya a la cama y Ana debería decirle a su marido que por un día, doble él la ropa.
Hay una luz que se enciende y se apaga como si fuera un faro, y yo me pregunto que pasará en ese piso… en el número cuatro, en el bajo. Porque no os lo había dicho…así son las cosas desde el cuarto piso del edificio siete.

Clientes habituales

Clientes habituales

Uno a uno, han ido pasando por el bar los clientes habituales:
La embarazada a la que parece que su barriga no le crece ni disminuye sino que permanece impasible, como impasible es su costumbre de llegar todas las mañanas a las 8:05. Esto se debe a que su marido no puede dejarla una hora más tarde que es cuando comienza su jornada laboral y que tampoco pueden comprarse otro coche puesto que aun deben gran parte del abecedario al banco.
A esa misma hora, suele parar una mujer que lleva a su sobrino al colegio y que se detiene para comprarle la merienda.
El chico que se sienta junto a la ventana también ha estado aquí. Estudia en un instituto cercano y se para aquí para tomarse el café de los quince minutos y leer por encima los titulares de El País. Muchas veces, los quince minutos de rigor se convierten en una hora ya que decide faltar a primera pues le resulta más enriquecedor e interesante informarse de lo que ocurre en Iraq que las derivadas, integrales, ecuaciones...
Todas estas personas y muchas más quedan todos los días y a la misma hora en este bar, aunque supongo que no es necesario que se lo cuente, que se las pueden imaginar ya que serán las mismas que pasan por su bar de confianza cada mañana.
Cada uno tiene sus manías. Unos piden en la barra, otros en la mesa, algunos se llevan ellos mismo el café, unos pagan al principio, otros al final, pero acabamos todos haciendo lo mismo: tomándonos el café de los quince minutos.
Muchas veces el camarero refunfuña porque no le dejan leer el periódico en paz, porque siempre hay alguien a quien atender.
En el bar la gente no habla demasiado. Salvo algunos que están en la barra y comentan algunas noticias con el camarero enfadado porque no las puede leer por si mismo.
La mayoría está ausente, leyendo o simplemente dormitando porque a estas horas… Algunos a lo más que alcanzan, es a hablar de el tiempo que es uno de los temas más recurridos cuando no se tiene nada que decir.
El bar no es demasiado grande pero lo suficiente para los que vamos. Está al lado de una carretera general así que los pocos comentarios están acompañados por el ruido de los coches para arriba y para abajo.
Nunca se llegan a llenar todas las mesas y desde un plano cenital parecemos un tres en raya. Yo siempre me siento en la misma mesa y en ella me encuentro cada día con distinto cenicero. Si te fijas, en cada mesa hay uno, y cada uno de un padre distinto. Unos son más distinguidos que otros pero al final todos hacen lo mismo: recoger la ceniza de los cenizas que se toman el café de los quince minutos.
Me gusta mi bar, porque por las mañanas no se escucha ni la radio, ni la tele, ni música, únicamente los coches que suben y que bajan ya que estamos pegados a una carretera general.

Hoy

Me levanté tan temprano como ayer, desayuné con la misma prisa mientras en el telediario ponían las mismas noticias, el agua de la ducha volvía a estar fría y el señor que se sentó a mi lado en el autobús olía igual que el de ayer. Pero ayer llovía.

El Patillas

Burgos es una buena ciudad para vivir porque entre sus calles y bajo todos sus recortes, se esconde un bar que en algún momento debió ser nuevo aunque cuesta creerlo. Su regente es tan caduco como su negocio, “El Patillas” se hace llamar, haciendo gala de ese peinando que en algún momento debió estar de moda. Esa es parte de su gracia pues posiblemente, si se corta el pelo perderá toda su fuerza como le pasó a Sansón.
Las paredes, los techos y las lámparas están suspendidas sobre montones de papel extraído de revistas, recortes de prensa, carteles de alguna corrida de toros, dibujos de celebridades y artistas anónimos, fotos de sus clientes más habituales…
El otro gran pilar, su columna vertebral, su encanto, es la música. Música tocada no por artistas profesionales ni números uno de la lista del top manta, sino que son visitantes asiduos los que se encargan de amenizar la fiesta. Patillas pone las guitarras, otros vienen con su maleta llena de cachivaches que fabrican música para repartirlos entre las mesas para que todos puedan aportar alguna nota a la canción, otros cantan y también los hay que sólo miran.
En el Patillas se comparte mesa y entre las mesas pasan a relucir los sábados por las noches canciones de Los Secretos, Antonio Vega, Los Beatles, Jarabe de Palo y otros muchos.
Hace algún tiempo grabaron un disco aunque continúan sin sonar en las radios y todavía esperan entrar en alguna de las listas de éxito.

LLevadme con vosotros!

LLevadme con vosotros!

Os hablo desde un lugar privilegiado. Desde aquí, además de oír más cosas que desde cualquier otro sitio también me puedo hacer escuchar.
Mi misión y objetivo principal es estar siempre pendiente y manteneros también a vosotros en alerta. Pero además, aprovecho esos múltiples viajes de oreja en oreja, para ir captando y capturando todo aquello digno de mención.
De aquí en adelante, os contaré aquello que llegue a mis oídos pero no lo transcribiré tal y como lo he escuchado sino que en pocas líneas o en muchas quizás, expondré mis ralladuras acerca de todo lo visto, oído, olido o pensado.
Por el momento, no os olvidéis de llevarme con vosotros, luego ya os contaré.